viernes, 18 de mayo de 2018

LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS






LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS Y LOS CONTRATOS FUNDACIONALES

Cuando pensamos en las instituciones educativas, cada uno podría ofrecer un ejemplo de experiencia en torno a diferentes roles desempeñados en las mismas... como alumnos, como docentes, como padres, como directivos, como auxiliares, etc...

Aunque gestión es una palabra de uso corriente y hasta "de moda", la ciencia de la gestión se alimenta de múltiples fuentes y disciplinas, articula distintas perspectivas y enfoques y se encuentra en permanente revisión y redefinición.

Ahora, la complejidad de la gestión educativa se relaciona con que la misma está en el centro de tres campos de actividades: el político (marco para el servicio), el administrativo (condiciones para la prestación del servicio) y el profesional (el que efectúa el servicio).


Campos necesariamente articulados e interceptados y con sus actores diferenciados, pero que convergen en quien tiene a su cargo un establecimiento educativo y en la búsqueda de la calidad educativa. 
Bajo la convicción de que es posible "aprender a gestionar", es que se busca construir un saber específico. Un saber que incluya elementos para comprender qué pasa hoy con en el nivel institucional del sistema educativo y en cada establecimiento.

Para ello, es necesario sumar a las teorías clásicas de las instituciones y las organizaciones, la dimensión pedagógica-didáctica dentro del campo institucional. Construir un saber sobre esta dimensión implica tener presente el carácter enseñante, educador, académico de los establecimientos, como el componente que justifica su existencia.

Esta consideración es de suma importancia en tanto hoy, la especificidad de los establecimientos educativos parece desdibujada, diluida o desjerarquizada en las prácticas, aún cuando en el discurso forme parte de la preocupación, el objetivo, propósito o ideales a cumplir. Esto nos permite abrir un interesante espacio de reflexión en torno a:
                         ¿Por qué un sistema educativo?
                         ¿Para qué una escuela? 
                         ¿Para qué y cómo gestionar una escuela?

Como primer paso necesitamos ubicar el análisis de la escuela en la articulación compleja con el todo social y el sistema educativo, e identificar las mutuas influencias y condicionamientos. En este sentido, encontraremos que el contrato fundacional entre la escuela y la sociedad es un momento de gran significación en el pasado y también en el presente de las instituciones educativas, cuyo futuro se relaciona con el modo en que se redefina hoy ese contrato.


LOS CONTRATOS FUNDACIONALES: UN MOMENTO CLAVE EN LA HISTORIA DE LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS
Las instituciones son construcciones que resultan del parcelamiento del terreno social, que se originó en distintas coyunturas históricas. Las instituciones implican diferentes arquitecturas materiales, geográficas y simbólicas (de salud, educación, etc.) que se crearon para responder a necesidades sociales. 

Como las sociedades van transformando sus necesidades y también las formas de resolverlas, las instituciones van transformándose, cambiando los límites y fronteras de cada conjunto institucional, ya sea expandiéndose o fortificando sus límites y volviéndose más cerradas. Algunas ceden espacios, otras invaden parcelas de otras instituciones, es decir cada institución va redefiniendo su terreno.

Por lo tanto, la institución escuela - como otras - debe ser pensada como un producto histórico. Como recorte de la arquitectura global de la sociedad, que surge por un movimiento de especificación: un sentido dado por la sociedad.

Además las redefiniciones de los espacios institucionales son procesos históricos en los que los sujetos sociales son actores.

Y los cambios llevan la marca de aquel primer contrato o contrato fundacional, que le daba sentido a esa parcela del campo social, marcando el primer vínculo entre la escuela y la sociedad.
¿Podrían pensar cuál fue la piedra fundamental de los sistemas educativos?

Sí, esa piedra fundamental fue la instrucción pública, necesaria para el nuevo orden construido sobre la revolución industrial y la revolución política ocurridas entre 1750 y 1830. 
Los orígenes del sistema educativo están vinculados a los ideales republicanos, sobre los que se construyeron los edificios para la instrucción pública para asegurar la formación del espíritu ciudadano.
En segundo lugar, el avance del capitalismo generó un alto grado de especialización y división del trabajo. Era necesario sistematizar y asegurar la transmisión de los saberes acumulados para cada una de las especialidades.
Así, cada institución es portadora de un mandato social y tiene la responsabilidad de procurar el cumplimiento de ese mandato. Y el papel del Estado es garantizar la ejecución del mandato. 
Se preguntarán entonces ¿cuál era el contenido de ese contrato fundacional entre la sociedad y la escuela?

El contrato requería una institución que:
  • Transmitiera valores y creencias que legitimaran el derecho y el orden económico-social establecidos.
  • Transmitiera los saberes necesarios para el mundo del trabajo.
  • Creara condiciones para la producción de otros saberes y para el progreso social.
En pocas palabras: "Instruir al pueblo y formar ciudadanos, asegurando su integración al mundo del trabajo". Y fue en el sistema educativo y sus establecimientos, donde las sociedades depositaron la responsabilidad del cumplimiento de estas funciones.
El contrato implicaba compromisos para la escuela y para el Estado, estableciendo la obligatoriedad y la gratuidad de la educación básica. Sobre estos cimientos se construyeron los sistemas educativos, con compromisos específicos para cada nivel.

Ahora, cabe preguntarnos: ¿Si todas las escuelas tuvieron un mismo contrato fundacional, por qué las diferencias entre instituciones, regiones, provincias, etc...?

Por supuesto el mandato, así como el contexto y las coyunturas, serán procesados de modos diferentes en cada escuela. Cada establecimiento crea un cerco más o menos permeable, que dará entrada o filtrará lo que ocurre extramuros. Con este cierto grado de autonomía intramuros, es que en un mismo contexto, varios textos - instituciones- son posibles.

En unidades anteriores abordamos el tema del curriculum... ¿Qué lugar ocupa el curriculum en el contrato entre la escuela y la sociedad?

La escuela como institución contó con el reconocimiento social y el derecho a participar en la definición del contenido y el sentido de las acciones.
El sistema educativo tiene la capacidad potencial de redefinir los términos del contrato fundacional.

Tanto los saberes a transmitir, como los destinatarios de lo que se transmite, son definidos fundamentalmente por la sociedad, pero cada escuela tiene la posibilidad de construirse como una escuela cerrada o abierta, conservadora o innovadora.

Es importante destacar que la escuela, desde su organización, estuvo atravesada por un contrato paradójico: por una parte el requerimiento de crear un orden social más justo, que se proponía "borrar" diferencias sociales a través de la formación de ciudadanos. Simultáneamente, también requería una distribución desigual de posiciones laborales y sociales, esto es la formación de trabajadores diferenciados.

Si nos detenemos a pensar es por ese rasgo en relación a la creación de un orden social más justo, es que "se espera" de la escuela que opere transformaciones sociales.

Como huella y marca de su paradoja de origen, la escuela es una institución atravesada permanentemente por dos tendencias, una reproductivista, conservadora, que tiende a perpetuar un orden; y una tendencia innovadora, transformadora, que se propone modificar ese orden.

Así, el sistema educativo ejecuta el mandato social a través de la acción de transmisión y distribución de contenidos, y tiene la posibilidad de llevarlas a cabo incluyendo una definición propia del saber y de su distribución, definición que se expresa en el curriculum prescripto. Este curriculum es el que permitirá la explicitación de los contratos que articulan el quehacer educativo y que son modos de "traducir" y de resignificar el contrato original. Es en este sentido que el curriculum puede definirse como un organizador institucional.

Las "especificaciones del curriculum prescipto que se realicen en cada establecimiento darán forma y contenido a los contratos organizacionales (en cada establecimiento) para crear las condiciones necesarias para el cumplimiento de la tarea sustantiva de enseñar. Entre estas condiciones podemos identificar: las reglas de convivencia, los estilos, grados y contenido de la participación, la distribución de responsabilidades, la división de tareas y perfiles de los roles institucionales, la distribución y asignación de tiempos y espacios, etc.

Los contratos derivados del contrato fundacional, será el encuadre y marco para el contrato pedagógico-didáctico que en cada aula, resignifica entre cada docente y cada grupo de alumnos, el sentido del pacto fundacional.

Así un curriculum que proponga grandes diferencias entre los saberes que recibe cada grupo de la sociedad porque por ejemplo los concentra en los niveles más altos del sistema, reforzará las diferencias socio-culturales que existen de antemano, en el seno de la sociedad. Por el contrario, un curriculum que procure una distribución más equitativa de saberes tiende a la igualdad social. 

Están las fuerzas renovadoras y las conservadoras, la tensión permanente entre lo instituido y lo instituyente.

Hoy en día, pareciera que los "acuerdos" entre escuela y sociedad han perdido vigencia ya que ninguna de las partes puede satisfacer los compromisos asumidos. La escuela rompe el contrato si no trasmite los saberes que el desarrollo científico y tecnológico indican como adecuados para que los jóvenes puedan entender e intervenir en el mundo actual. También el Estado parece tener inconvenientes para sostener el contrato, como la más evidente, pero no la única, podemos citar la desatención económica a las instituciones y a los docentes. 

¿Podremos resignificar el contrato?
¿Podremos seguir construyendo escuelas como esos edificios simbólicos que la sociedad reclama?
¿Para qué una escuela hoy?
¿Es posible hablar de una escuela democrática?

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